LA DECEPCIÓN DE UN AMOR

Amanecimos con más deseos de amar que nunca, despertamos, nos vestimos para cuando lo veamos, contentas y felices, ya que nos hemos propuesto darle un giro a nuestra vida; y dentro de ese giro estaba mejorar en el amor, mejorar nuestro noviazgo.

Cuando uno ama no importa que tan atento seamos, cariñosos o amorosos, siempre queremos y anhelamos dar más a esa persona que amamos, queremos que este bien, queremos cuidarlos, en fin, anhelamos su felicidad. Pero, ¿qué pasa cuando ese amor te expresa que siente confusión, o peor aún que no sabe si continuar la carrera que emprendieron juntos, cuándo palabras salen de su boca y te hieren?

Sentimos dolor, lagrimas mojan nuestro rostro, nos sentimos defraudadas, impotentes, sentimos la decepción de un gran amor, y lo peor aun es que no sabemos qué hacer con este amor. Un amor que pensamos que  dudaría para siempre, que luego de hacer planes, forjar sueños juntos, de un día a otro todo acaba, todo se fue a la deriva, los malos traten se hacen presentes, se pierde la chispa que encendía su relación y te das cuenta de que nada es igual.

¡Cuánto dolor! La persona que amas te sorprende con palabras que no esperabas, no logras entender el por qué, y lo  único que puedes entender es que el amor que pensabas que era para siempre hoy se ha terminado.

En medio de tu desesperación, querida amiga, quiero decirte que, al igual que tú, he pasado por ese duro momento, donde me he sentido sin paz, decepcionada, donde un amor me ha roto el corazón, pero la gracia de Dios me ha mantenido de pie. No creas que tu vida no tiene solución, ¡la tiene! Dios tiene la parte dos.

La única solución a tu decepción no es que mendigues amor o que él decida solucionar el daño, la única solución es tu saber que el único que es verdaderamente fiel y no falla es Dios, y sólo a Él debes entregar tu amor; pues sólo Dios sabe que es lo que te conviene, sólo Dios te amará en todo tiempo, estará en ti y contigo, te atenderá cuando lo necesites, te amará sin reservas, sin condiciones.

Hasta que no entiendas esa parte, seguirás en el proceso de angustia, seguirás llorando. Tienes que levantarte y decir como Job: “Jehová dio, Jehová quito; ¡bendito sea el Señor!”. Entiende en este día que Dios te quita las cosas con un propósito y a veces te la quita porque hace tiempo que te las estaba pidiendo, pero tú no cediste. Deja de llorar y comprende de una vez por todas que el Señor tiene un plan detrás de todo lo que sucede, así que te aseguro que al final será para bien, ¡Confía!

¿Cómo vas a superar lo que sucedió? Lo primero que debes hacer es aceptarlo y estar decidida a enfrentar preguntas, reclamos, callar y demás. También debes alejarte, pues si te quedas le estarías haciendo un daño tanto a él, como a ti. ¡Ora! Dios da fuerzas, Dios nunca falla, Dios siempre es fiel, es nuestro gran amor, nuestro amante incondicional.

Decide en este día entregar tu amor a Dios, Él si lo sabrá cuidar y valorar. Su amor nunca cambia, su amor no se muda, su amor es constante, es eterno, es bondadoso, es verdadero, nunca deja de ser y siempre busca tu bien.

No esperes más, ¡Fuera decepción!

“Entrégale a Dios tu amor, y él te dará lo que más deseas. Pon tu vida en sus manos, confía plenamente en él, y él actuará en tu favor” (Salmos 37:4-5)

Anónimo.

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